Se ha probado que las áreas Marinas protegidas son una forma efectiva de proteger el mayor hábitat de nuestro planeta – nuestros océanos – y de favorecer su regeneración. En estas áreas, la pesca está restringida o, en las llamadas zonas de veda total incluso completamente prohíbida.
Ahora que se se ha hecho evidente la gran importancia de que el establecimiento de las áreas marinas protegidas puede contribuir a la recuperación de los océanos, se están realizando esfuerzos desde diversos ámbitos para acelerar este desarrollo. Según el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), al menos el 30% de la superficie oceánica global debe estar protegida en el 2030. Actualmente, sólo alrededor del 9.4% está protegido, y de este apenas el 3.2% cuenta con una protección sólida total.
En enero de 2026, tras décadas de negociaciones, el Acuerdo de las Naciones Unidas sobre la Conservación de la Biodiversidad Marina más allá de la Jurisdición Nacional (BBNJ) entró en vigor. Es considerado un instrumento fundamental para la implementación de los empeños de conservación antes mencionados para el 2030, ya que las áreas marinas protegidas ahora también pueden ser establecidas y administradas en aguas internacionales.
El siguiente ejemplo ilustra de forma contundente los efectos regenerativos y protectores de las áreas marinas protegidas.
La isla volcánica de Jabuka ubicada en el Adriático croáta está rodeada de algunas de las aguas más ricas en peces en el mar Adriático. Sin embargo, la sobrepesca ha agotado gravemente las poblaciones de peces, impulsando al gobierno a decidir en el 2017 establecer un área marina protegida como una medida de protección en esta región que fue implementada en el 2018. Desde entonces, se han prohibido completamente todas las formas de pesca en la Cuenca de Jabuka.
Esta zona es una de las pocas áreas marinas totalmente protegidas en Croacia; menos del 1% de las aguas costeras de Croacia disfrutan de este estricto estatus de protección. El objetivo de las medidas es el de preservar los ecosistemas marinos sensibles en la Cuenca de Jabuka a profundidades de hasta 400 metros y recuperar las poblaciones de las especies en peligro de extinción como la merluza europea y la langosta noruega a largo plazo.
La zona de conservación inicialmente fue rechazada por los pescadores artesanales locales, pero pronto demostró ser un golpe de suerte para ellos. La razón para esto fue el llamado ‘efecto de contagio’, que resulta del hecho de que las poblaciones de peces dentro de las zonas de veda pueden crecer y reproducirse sin perturbaciones y posteriormente migran a áreas adyacentes donde la pesca es permitida. Finalmente, esto beneficia a la industria de pesca local, puesto que significa que hay mayores poblaciones de peces incluso en áreas donde la pesca se permite.
Los resultados del efecto de contagio en la Cuenca de Jabuka son impresionantes:
- El volumen de pesca y el tamaño de los peces fuera del área protegida aumentaron.
- La biomasa de merluza se ha incrementado en cinco veces y el de la langosta noruega se ha duplicado – ambas especies están migrando en gran medida hacia áreas adyacentes.
- Además, la Cuenca profunda de Jabuka contiene varias capas de agua con diferentes patrones de flujo. Las corrientes resultantes provocan peces juveniles y alevines que son transportados hacia aguas vecinas donde la pesca se permite. Este es un mecanismo clave del efecto de contagio.
La prohibición de pesca se aplica rigurosamente. ¡Las infracciones pueden resultar en costosas multas e incluso penas de prisión!

El ejemplo de la Cuenca de Jabuka en Croacia muestra en forma evidente lo que se puede observar en todas las áreas de conservación marina estrictamente protegidas: en la naturaleza, todo está conectado, creando un efecto de onda expansiva constante que hace la vida posible ante todo. La formas de vida compleja y las comunidades en nuestro planeta se basan en este principio de conectividad y dependencia: la vida sostiene la vida. Los límites, por otro lado, son artificiales. Por lo tanto inspirémonos en el ejemplo de la naturaleza y aprovechemos este efecto de onda expansiva poniendo buenas causas en movimiento, ¡que se propagarán en formas impredecibles y a su vez desencadenarán nuevos efectos positivos!






